jueves, 15 de mayo de 2008

Ensayo de Iñaki Arzuaga de 2007 sobre El Interior, de Martín Caparrós

Iñaki Arzuaga

Consigna: Ensayo acerca de El Interior de Martín Caparrós, retomando las notas de lector anteriores sobre los primeros capítulos del libro.

Buscando el país de nunca jamás

Un cronista es quien puede contar cosas que sorprenden por lo creativamente pensadas y por la forma en que las cuenta. El mundo es del color del cristal con que se lo mira, dicen. Habría que agregar que es, también, lo que la forma del marco del anteojo permite encuadrar. Porque como diría Angela, la chica de Cuando ella saltó, mirar y ver no es lo mismo. Uno mira con lo que tiene adentro suyo. El Interior es como un ovillo que se va desenrollando, despacio, con ironía, y que en los diferentes cruces del camino va construyendo un tejido con forma de país. Aquel país que para el cronista está hecho de lo que se perdió; pero que intenta encontrar a través del viaje porque hay una voz que le dice “busca lo que nunca perdiste”

“La idea es que, si la gente no piensa, nunca va a tumbar esto, y que acá se puede aprender colectivamente a pensar. Esto es la protohistoria, Martín, no es ni la historia ni los años sesenta. Es pensar que otra vez hay que ponerse a pensar, a buscar algo que no sea esa pantalla que te dice compre esto, compre lo otro. Pensar que uno va a ser el abono, el camino de huesos que va a pisar mucha gente hasta que se pueda cambiar algo...” Como diría León (Gieco), “es cómo piensa la gente a veces la diferencia”. Y es esto lo que el cronista intenta ver, mostrar, pensar. Este cronista que llega hasta la última página pensando que su historia es parte de la historia de algo que nunca ha perdido (un país).

Elinterior (así, todo junto) es “mucho más que un país: una palabra”, dice el cronista. En la palabra está el poder de la identidad, parece decir. Y está también la forma (así, todo junto); la forma en que la realidad se vuelve símbolo. Pero, más tarde, este cronista que historiza, que envuelve y desenvuelve, que pero viene, descubre que en los orígenes de la patria, los porteños le sacaron a Córdoba “un símbolo de su poder, la única imprenta del país, para instalarla en la plaza de Mayo y decir aquí es donde se imprime la palabra: donde se decide y se maneja la palabra”. Y, de nuevo, ¿cuánto importa una palabra?, ¿y un pensamiento?, ¿quién tiene la palabra?... La palabra es dominio. Y rebelión.

A lo largo de los capítulos, el cronista se preocupa por ese poder de la palabra para generar acciones y sustentar identidades. Y se ocupa de conceptualizar a partir de la descripción el efecto de quienes monopolizan la palabra, del status de la palabra. En San Juan el cronista dice que la publicidad otorga el prestigio de ser modernos. “Mar del Plata te espera”, recuerdo que decía una publicidad el verano pasado... ¿un lugar espera algo acaso? ¿no serían las personas quienes debieran esperar cosas? ¿quién tiene el poder de decidir qué mirar: el mar o la gente? Como diría Chango Spasiuk, la flor no necesita explicación, sólo tiene sentido si alguien se acerca, la mira, la huele... y la flor está ahí, sin ningún cartel que diga “esto es una flor” ¿Por qué será que el turismo necesita rótulos?, parece preguntarse el cronista... Medios y turismo, viaje y mirada... Binomios de suma cero: si gana uno, pierde el otro.

Interior, medios de comunicación, poder, estereotipos y monopolio de la palabra están condensados en el siguiente fragmento que el cronista deja en suspenso, haciendo que el silencio sucedáneo sea más que elocuente: “Leo en la página trece del Diario de Cuyo que ayer murieron tres personas en accidentes de tránsito. Después el artículo dice que uno era un obrero rural en bicicleta pisado por un camión cuando iba a trabajar, otro un chico atropellado por un colectivo mientras jugaba al fútbol y otro un ciclista por un camión. Me imagino los títulos de primera página si hubiera muerto en un asalto” ¿Decisión mediática? ¿Decisión empresarial? ¿Patrón inconsciente? ¿Decisión política? Confianza excesiva en los medios, probablemente... Como la señora que esperaba que el problema de su sándwich con un gusano trascendiera, o el señor que creía la población de su ciudad porque lo decía Clarín. El poder de los medios...

Un medio de comunicación y lo que un proyecto político hace con él es, podría decirse, un aspecto de la frontera. Un proyecto político es, en todo sentido, la delimitación de algo: un algo. “... Los hijos de los argentinos también están muy familiarizados con el portugués, sobre todo por la televisión”... “A la entrada del pueblo hay un cartel: Sólo se ama lo que se conoce. La patria comienza en la frontera. Bienvenidos a Bernardo de Irigoyen” De nuevo: ¿qué es una frontera?, ¿qué es la patria?, ¿cuándo se entra a un país?, ¿una frontera es un lugar comunicado? Los medios ponen en juego identidades que se desvirtúan o que quedan entre bambalinas porque lo único que interesa (no siempre) es montar un escenario donde las cosas suceden. Como esa escena de Historias Mínimas en que la chica de pueblo que se gana una multiprocesadora termina con el inútil set de belleza porque no tiene donde enchufarla. Había algo oculto, bello, en la mirada de esa chica que la escenificación del programa televisivo en el participó no llegaba a reflejar. En esos huecos se mete el cronista

“... que para eso sirven los medios, y la radio en este caso, para que todos puedan viajar, algunos en los hechos, otros con la imaginación: que esa también es la tarea social que los medios le deben al la gente” Y el cronista se ríe, un poco... Quizás por lo de tarea social; o por esa voluntad exagerada de colaborar en la vida de las personas con que parecen contar los medios de la que la cita se hace eco: viajar con la imaginación, lograr la igualdad. Noble tarea la de los medios...

Cruel en el cartel

La propaganda manda

Cruel en el cartel

“Viajar por las zonas turísticas es más complicado –porque todo está hecho para que sea más fácil. Es como mirar la tele: todo preparado para que cumplas con un papel de receptor para dejarte en un lugar acotado, cerrado”. El turismo que cierra; el viaje que abre (interrogantes).

En definitiva, todas esas cosa que ve el cronista pueden ser cotidianas. Como el mate, es decir, chupar agua a través de un fierrito. Pero ver, ser conscientes de lo que nos constituye, es semilla que siembra el cronista. Ver no suele ser algo fácil cuando de lo que se trata es uno mismo –lo argentino. Hace pocos días una persona me contó que su hija de veintitantos años que sale del país al menos dos veces por año (y ya no digo “viaja”...), había vuelto de Machu Pichu y un comentario en el café había sido que estaba perdiendo la capacidad de asombro. No le dije nada a esa persona. Sólo pense cómo sería estar frente al Aconcagua, o con los pies en un río cordobés, o caminando la tierra colorada de Misiones o un valle salteño; más simple aún, pensé en esa descripción que el cronista realiza de su vuelta, de esa tranquilidad de ver llanura nuevamente. Volver con necesidad, ser capaces de mantener el asombro, mirar (“aquello que, de otra forma, no miraríamos”), no asustarnos de estar en paz ni de estar perdidos en lo conocido/desconocido; ¿eso sería viajar?

domingo, 11 de mayo de 2008

Libros en línea

En este sitio pueden encontrar material en línea muy interesante:
http://www.librostauro.com.ar/

martes, 29 de abril de 2008

Adhesión al paro

Hola a todos,
Les aviso que voy a adherir al paro del miércoles, con lo cual no habrá clases. También les envío información enviada por CONADU histórica explicando los motivos del reclamo.
saludos,
Celia

Paro de CONADU Histórica
MARTES 29 y MIÉRCOLES 30 DE ABRIL

FEDERACIÓN NACIONAL DE DOCENTES, INVESTIGADORES y CREADORES UNIVERSITARIOS

Personería Gremial MTEySS Nº 339/08
INTEGRANTE DE LA Central de los Trabajadores Argentinos

Delegación Buenos Aires: Paraná 446 - 7º "A" (1017) - Ciudad de Buenos Aires

Resoluciones del Consejo Directivo de CONADU HISTÓRICA-CTA

En la Ciudad de Buenos Aires, a los 25 días del mes de abril de 2008, siendo las 13:00 hs. se constituye el Plenario de Secretarios/ as Generales de la Federación Nacional de Docentes, Investigadores y Creadores Universitarios (CONADU Histórica), con la presencia de los representantes de las siguientes Asociaciones de Base: 1) AGD-UBA, 2) ADIUNJu (Jujuy), 3) ADUNCE (Centro), 4) ADUNC (Comahue), 5) FADIUNC (Cuyo), 6) ADUL (Litoral), 7) ADUNLU (Luján), 8) ADUNNE (Nordeste), 9) ADIUNSa (Salta), 10) ADICUS (San Juan), 11) ADUNS (Sur), 12) ADU ( La Pampa ), 13) ADUNaM (Misiones), 14) ADIUNQ (Quilmes), 15) AGD-IUNA y 16) ADIUNT (Tucumán), 17) ADU-PSJB(Pata. SJB)
Finalizado el informe de Mesa Ejecutiva por Secretaría General y los correspondientes a las Asociaciones de Base a través de los/as Secretarios/ as Generales, y luego de las deliberaciones en base a los mandatos recabados en torno al plan de acción futuro, el Plenario de la CONADU HISTÓRICA RESOLVIÓ:
1) Rechazar la propuesta salarial del gobierno nacional porque:
¨ Se realiza en cuotas extendida hasta Diciembre 2008,
¨ Adiciona montos no bonificables
¨ Destruye aun más el nomenclador de cargos, dedicaciones y antigüedad.
¨ Es insuficiente su monto frente al índice de inflación real.
2) Ratificar la continuidad del Plan de Lucha Nacional de la Federación por un salario equivalente a la media canasta familiar para el cargo testigo ($2.000), aplicación y plena vigencia del nomenclador del año '87, jubilaciones móviles, pago a los ad-honorem, carrera docente y estabilidad laboral, capacitación docente gratuita y presupuesto para mejores condiciones de higiene infraestructura y seguridad.
3) Convocar un Paro Nacional de los Docentes Universitarios por 48 horas para los días Martes 29 y Miércoles 30 de abril, con acciones de movilización y debate en todo el país.
4) Convocar a un próximo Plenario el día Sábado 03 de Mayo a las 10 hs.
Ciudad de Buenos Aires, 11 de abril de 2008.-
Claudia Baigorria José Del Frari Jorge Ramírez Sec. General
Sec. general Sec. Adjunto Sec. de Organización
(011) 15 6725 8433 (011) 15 6733 1864 (011) 15 6733 1860

viernes, 25 de abril de 2008

Comentario de Link sobre notas de Walsh en 1969*

EN MARZO DE 1969 WALSH había publicado en CGT la que sería su última "pro­ducción periodística" para ese periódico: "Vuelve la secta del gatillo y la pica­na ". En mayo de ese mismo año aparece un fragmento de ¿Quién mató a Rosen­do? bajo el título "Qué es el vandorismo". Pero ese mes Walsh está ya en otra parte: en Fisherton y Resistencia y Las Toscas y Villa Ocampo, realizando, con Pablo Alonso, la investigación para una nota sobre la gloría y la decadencia de La Forestal, la tristemente célebre compañía productora de tanino. Siete días in­vierte Walsh en ese viaje. Entre mayo y agosto, mes de publicación de la nota en Georama, el periódico CGT es prohibido y pasa a la clandestinidad. Indepen­dientemente de lo que Walsh pensara en ese momento, lo cierto es que debe vol­ver al otro periodismo. En Georama, Siete Días, Panorama y La Opinión apare­cerán, durante los dos años siguientes esporádicas colaboraciones. ¿Quién mató a Rosendo?, mientras tanto, se convierte en un best-seller. Las notas que se re­producen a continuación continúan, temática y retóricamente, las dos series de Panorama que presentamos antes. Sobre la nota publicada en Siete Días escribe, lo que da una buena idea de su método de trabajo: "Para la nota sobre luz eléc­trica invertí 60 páginas de apuntes y transcripciones, unas 30 páginas de borrado­res y 20 páginas de original, es decir un total de 110 carillas dactilografiadas. Realicé unas 6 horas de grabación. Invertí un total de 87 horas de trabajo, reparti­das en 13 días, o sea casi 7 horas diarias."


*Publicado en El violento oficio de escribir, ed. Planeta, 1995.

Kimonos en la tierra roja, de Rodolfo Walsh

KIMONOS EN LA TIERRA ROJA

Vinieron de lejos con sus tractores y sus canciones.

Nueve años más tarde enfrentan la secular desgracia del campe­sino japonés: no era esta la tierra prometida.

Sobre la tierra roja que se abre muy cerca en perspectivas de selva, las muchachas bailan vestidas con el kimono y el obi multicolores y toca­das con grandes sombreros de paja. El tiempo, el sol y el agua han propiciado la cosecha que las conmovidas voces agradecen al cielo en su canto, mientras las manos miman el movimiento de sembrar.

Las campesinas que en la media luz del crepúsculo reviven las an­tiguas invocaciones mágicas se llaman Yashiko Takeichi, Aíko Kanmuse, Sachiko Kawamura, Yoshiko Kotó, pero sobre el fondo de la fotogra­fía que registra su danza, se recorta sombrío en el cielo un lapacho.

Porque esto no es Japón. Esto es Misiones.

Cuando Pablo Alonso y yo nos vamos esa tarde de Colonia Lu­jan, llevamos la pena de no quedar más tiempo con esa gente maravi­llosa y desdichada. Y en los lugares más imprevistos me asalta la me­lodía del kono ionó haná, desgarrando la tarde; me sonrío con la seriedad imperturbable del niño Sinichi; o dialogo sin palabras posi­bles con la viejita Yatsuda que perdida quién sabe en qué brumas de separación y congoja cose sus paquetes para irse.

Es ya mucho después, traqueteando en un ómnibus por imposi­bles caminos, a la salida o entrada de un pueblo cualquiera, ocres de polvo o amarillos de tedio y fatiga, que oigo a Pablo murmurar entre sueños:

–La princesa.

Y sé sin duda posible que está nombrando a Yukíe, y que la está viendo como yo la veo, quitándose las sandalias para entrar en su cuarto, sus manos pasando los hojas del cuaderno de música o su cara bellísima diciendo palabras que nunca podré comprender.

EL PAÍS DE LA PROMESA

Sobre la ruta 14, a mitad de camino entre Posadas y Puerto Iguazú, se extienden las 3.100 hectáreas compradas en 1957 por el gobierno ja­ponés para radicar noventa familias emigrantes. El pueblo más próxi­mo es Garhuapé, y el centro de influencia Puerto Rico.

La forma en que llegó aquí Shigemori Matonaga resume la for­ma en que llegaron los demás. Campesino en la provincia de Niasaki, era dueño de cuatro hectáreas. Le ofrecieron treinta en la remota Mi­siones. ¿Misiones? Le mostraron películas en colores donde se veían naranjales parejos, suaves colinas cubiertas de pinares, arboledas de tung con sus flores rosadas. Vendió su chacra, pagó la primera cuota de la tierra desconocida que valía dos mil dólares y se vino con su fa­milia de siete personas.

Lo que no le dijeron fue que la mitad de su chacra estaba cubier­ta de monte, que las piedras que afloran en la tierra harían trizas las rejas del arado, que las lluvias arruinarían una y otra vez su cosecha de tabaco.

A Sadehiro Yamato le pintaron un cuadro aún más idílico. En poco tiempo se haría tan rico que tendría un auto negro, y su mujer un auto rojo, y sus hijos un auto verde. Tres años después mira contrito en grabador Hitachi en que va quedando estampada la historia de su desilusión.

–Yo grabador antes tengo –dice–. Vendí. Máquinas de foto, dos tengo, también vendí Radyo, motobizicureta, térra de japonés, todo vende. Este año motor vendo, nada queda.

Había traído sus máquinas, sus vehículos, sus equipos electró­genos. Hoy sólo quedan tres jeeps, un tractor. Los hombres aran la tierra con lentos bueyes, las mujeres acarrean el agua con baldes su­jetos a largas pértigas, lámparas de kerosén parpadean de noche en las casas.

–Todos pensando cómo vivir –dice en la administración este hombre de lentes redondos que enmarcan unos ojos pequeños y oscu­ros donde late una misteriosa alegría–. Colonos muy pobrecitos, si Misiones no ayuda colonia, levanta colonia.

Suso Sekiya ríe brevemente tras este enunciado dramático. Todo el mundo sabe que Misiones –que atraviesa la peor crisis de los últi­mos treinta años– no puede ayudarlos. En realidad, la colonia se está despoblando sola. El año pasado se fueron quince familias, a Posadas, a Buenos Aires, o de regreso al Japón. Este año, otras quince.

En Puerto Rico, el comerciante Osvaldo Brandt explica lo su­cedido:

–Iniciaron cultivos a largo plazo: tung, citrus, madera. Esas plantaciones rinden después de varios años. Se quedaron sin dinero, nadie los financió, debieron vender las máquinas para vivir. Es una lástima porque en poco tiempo más hubieran salido a flote.

En el invierno de 1966, el éxodo general era una certidumbre, a menos que ocurriera un milagro.

EL PÁRAMO

Llegamos por los caminos de la colonia a una chacra reducida a malezal donde vive la familia Nisiuchi. Una choza fabricada con rezagos de láminas de madera (regalo de la cercana laminadora) tiembla a im­pulsos del viento.

El padre está afuera, trabajando. La señora Nisiuchi, vestida con unos pantalones remendados, se encorva al caminar, mira de soslayo con una sonrisa desdentada.

–No hay prata –repite sin cesar, abarcando el desolado paisa­je–. Capuera todo, todo.

Ese "todo" explosivo, casi monosilábico, define el mundo redu­cido a páramo, las esperanzas perdidas en días y noches de trabajo sobre surcos y liños, la miseria ensañada en los seis chicos (dos argenti­nos) que revolotean a su alrededor.

Llegamos después a un increíble, altísimo, desventrado galpón de láminas y paja, que es al mismo tiempo casa, gallinero, secadero de tabaco. Una vieja de cabello blanco y cara dulce se pasea en la bru­mosa penumbra hendida de rayos de sol, extraviada y sola y triste co­mo un fantasma.

–Yendo –dice–. Yendo.

Es lo único que se le entiende antes que vuelva a una elegía in­sondable que recita para ella sola, caminando, tocando los cajones donde ha embalado todas sus cosas, bajo el techo altísimo, las paredes finas como papel por donde se cuela un viento agrio y frío.

Se ríe como una loca cuando descubre a Pablo agazapado tratan­do de fotografiarla. Ahora está sentada en una cama, cosiendo un pe­queño zurrón en que embala su ropa. Se ha puesto anteojos y sigue murmurando esa honda letanía, hasta que de pronto surgen nítidas en castellano esas dos palabras "Marido morir", seguidas nuevamente por el flujo indescifrable: mágoga rokuni... Esta es la señora Yatsuda, olvidada hasta de sí misma, un símbolo, una sombra, regresada a una edad infantil en que canturrea y camina por un prado, allá lejos, y es feliz porque nadie se ha muerto.

Su hijo nos cuenta la misma historia de todos. El tabaco. La lluvia. Setiembre planta tabaco. Marzo cosecha tabaco. Julio vende tabaco. Pe­ro lluvia siempre, lluvia pudre tabaco. Sonríe esa sonrisa inexpugnable, y es tal vez un momento de debilidad lo que tiene cuando dice:

–Aquí, amigos tan pocos.

En la chacra de Yatsuda, la fruta del tung se pudre en el suelo. Los que plantaron y debieron aguardar seis o siete años para cosechar, han contemplado, impotentes, la caída descomunal del precio. Yamato sacó 75.000 pesos por sus dos toneladas de tabaco, pero sus gastos del año ascienden a 200.000. Sasaki obtuvo 240.000 pesos, necesita 350.000. Nomata ha vuelto la espalda a su plantación de yerba, cuya cosecha está prohibida este año y se defiende con un pequeño alma­cén. Yamato, nuevamente, mira su pequeña plantación de yute y dice con resignado humor:

–Con yute hacer piola. Con piola, ahorcar. Pero otros resisten todavía.

LOS QUE SE QUEDAN

Frente a la casa de ladrillos y madera de Hidesaburo Hayashi, se ex­tiende la mancha negra de la fruta del tung tendida a secar. Con su mujer Yoshíe y su hijo Tomotada, tienen dieciocho hectáreas que este año dio su primera cosecha y les permitió asociarse a la tungalera de Santo Pipó. En el establo gruñen veinte cerdos y doce lechones. Los Hayashi admiten que hasta ahora trabajaron solamente para comer, pero el año próximo ha de alcanzarles para desmontar el resto de su chacra.

Ellos están a salvo.

También parece estarlo este anciano salido de una estampa que camina doblado en inverosímil ángulo recto. Se llama Takahei Shin y tiene 75 años. Sus hijos nos dicen que aún no piensan irse. Estuvieron cuatro años en Santo Domingo y se vinieron porque había muchas re­voluciones. El viejito entra en la cocina, se arrima en cuclillas al fue­go donde hierve una olla negra, y la sonrisa con que dice "Gracias" cuando nos vamos parece también animada por un antiguo fuego.

En el patio de la familia Ida hay un jeep, y en el interior de la ca­sa la familia termina de almorzar: la sopa de puerros (misusiru), el arroz con palitos, y a modo de té, un mate cocido verde y transparente en jarritos de porcelana.

Harumi Ida tenía dieciocho años en 1937 cuando fue a pelear a China como soldado raso. Cuatro años después regresó a su patria y quedó de guarnición en Shikoku hasta el fin de la guerra. Cuando vol­vió a su ciudad natal, su casa no existía y su familia había muerto. La ciudad era Hiroshima.

En la casa de Harumi, uno entra con la prisa algo insolente que demanda un fatigado oficio; sale haciendo instintivas reverencias y juntando los pies. Hay algo intangible que va más allá de la certera cortesía de cada movimiento, cada palabra, como si entre estos cam­pesinos la palabra cultura reasumiera su significado original.

Les pedimos que canten y vemos, ya sin asombro, que los cinco miembros de la familia leen música. Ahí están todos juntos alrededor de la mesa, el reposado Harumi, la apacible señora Yoshiko, la her­mosa Yukíe, el serio Ryuske y el joven Shogi pulsando una guitarra. Unidos de pronto en el recuerdo del país que dejaron, cantando con voces tiernas y afinadas a la luna que asoma sobre el viejo castillo en ruinas: Kosyo no tsuki.

La familia Ida llegó hace apenas un año. En ellos las esperanzas están intactas, como los tabiques de madera de su casa, el motor eléc­trico, el jeep, la firme sonrisa de Harumi y sus hijos.

SINICHI Y COMPAÑÍA

En la galería de la escuela, Kasuya Hoka nos habla en un castellano claro aunque sacudido por corrientes eléctricas. Kasuya tiene diez años, una belleza de porcelana y una malicia jocunda y desaforada.

Por el camino se acerca una pequeña silueta, con su portafolios bajo el brazo.

–Ahí viene Sinichi –dice Kasuya.

–Ah –le respondo–. ¿Es tu amigo?

–No –dice Kasuya–. Es Sinichi.

–Pero es tu amigo.

–No –dice Kasuya–. Es mi enemigo.

A diferencia de Kasuya, Sinichi tiene una seriedad impávida. Camina y se mueve con cierta rigidez ceremoniosa que ya es elegan­cia ancestral.

–Buen día, Sinichi –le digo.

Los ojos de Sinichi se dilatan de asombro (no hemos sido pre­sentados). Parece que va a sonreír, pero se contiene y es apenas un gesto imperceptible de diversión e intriga lo que se dibuja en sus la­bios. Hace una pequeña reverencia y contesta:

–Buen día.

Sinichi tiene doce años. Lleva la casaca negra, abotonada hasta el cuello con dorados botones repujados de emblemas, que usan en su país los escolares.

–Así que Kasuya es tu enemigo –le comento.

–No –responde Sinichi–. No es mi enemigo.

–Él dice que sí.

–No –dice Sinichi–. Es medio enemigo. En el Nordeste argentino los maestros rurales están acostumbra­dos a resolver problemas difíciles. Quizá ninguno más arduo que el que se les presentó a los esposos Kiang cuando en 1963 se hicieron cargo de la escuelita provincial número 86, que sirve a la colonia. Cé­sar Kiang es argentino y desciende de japoneses de Okinawa, pero no hablaba una palabra de japonés. Su mujer, Myriam Acevedo, es correntina.

Los chicos no entendían castellano y la comunicación con ellos parecía imposible.

–Les contaba cuentitos, siguiendo el método común –recuerda Myriam–. Yo veía esos ojos enormes y fijos, después los primeros bostezos. No comprendían nada y se aburrían. Apelé a los dibujos y las cosas mejoraron. Pedí diccionarios y poco a poco aprendí el japo­nés. Hoy los chicos de sexto grado estudian con los de primero infe­rior y les sirven de intérpretes.

El hijo mayor de los Kiang tiene ocho y estudia en la misma es­cuela con los sesenta japonesitos. Se llama César Antonio, pero ellos lo han rebautizado Koshi. Resulta curioso oír a este pequeño correntino de pelo rubio hablar en japonés con sus compañeros. Por supuesto Koshi está desarrollando precoces aptitudes filológicas. Gozosamente nos explica que "Aña" quiere decir diablo, tanto en japonés como en guaraní.

El éxodo de la colonia preocupa a los Kiang.

–Ahora que las cosas iban bien en la escuela –comenta Cé­sar– empiezan a irse.

VOCES EN EL CREPÚSCULO

Hay una flor (decía la canción) que crece igual que las demás pero sin que nadie la vea y que muere con lágrimas. Es la flor del primer amor.

Hubo un samurai que volvía de tierras lejanas con su compañero herido y juró morir con él, y al pisar su patria se hizo el harakiri junto al cadáver del guerrero.

Hubo un guardafaro que tenía una hija, y la hija contemplaba to­das las tardes el mar por donde debía venir su prometido que nunca volvió.

La tarde se desgrana en antiguas canciones, lentas y mágicas danzas sobre la roja tierra misionera, brillos de marfil de las manos, belleza hierática de las caras, esplendor de las sedas bajo el último sol. Una sombrilla roja está caída en el suelo. Aíko Kanmuse baila por última vez con sus compañeras. Mañana se irá para Buenos Aires.

En las sombras iniciales de la noche flotan con punzante ironía las palabras extrañas que agradecen a la tierra la buena cosecha. Por­que eso, también, parece ahora una leyenda.


jueves, 17 de abril de 2008

Invitación a muestra de pintura



"Desde hace años escribo y pinto mis sueños. Busco comprender
esas narraciones nocturnas, su lenguaje, su misterio. Encuentro
secuencias de historias que se continúan, como sagas, y habitan
un tiempo antiguo. Los sueños son mis maestros, traen mensajes
de una voz sabia, lúcida, poderosa. Escucho lo que puedo.
Escribo y pinto para escuchar, para ver, para entender.
Las pinturas reflejan esta búsqueda y también el encuentro
con el norte, un lugar que atravesó mi vida como un vertiginoso
viento. Un viento que trae el conocimiento de la tierra y de la
piedra, que habla con la misma voz mensajera de los sueños."
Celia Güichal

Inauguración: 19 de abril, 19 hs.

en el Conventillo Verde. Magallanes 890 (La Boca)
(abierto de mie. a dom. de 12 a 18hs.)
Del sábado 19 de abril al domingo 11 de mayo de 2008

Más información: http://www.interno-externo.blogspot.com/


sábado, 5 de abril de 2008

Notas de clase jueves 3 de abril

-Presentación de la materia.
-Puesta en común de textos generados a partir de consigna de la clase anterior.
-Propuesta de abrir un blog para llevar un diario de escritor durante el año.
-Propuesta de crónica a partir de la experiencia de asistir al Bafici.
-Conseguir libro "La escritura y sus formas discursivas", de Maite Alvarado y Alicia Yeannoteguy.
-Propuesta de fichaje de clases teóricas.
-Consigna de escritura: escribir un relato de un viaje significativo.
-Aviso: la dirección de la lista del grupo es tallerunocom61@gruposyahoo.com.ar. Para suscribirse tienen que enviar un mail a: tallerunocom61-subscribe@gruposyahoo.com.ar