jueves, 22 de mayo de 2008

Notas sobre Caparrós de Andrea Parejas

Notas/Misiones – El Interior, Martín Caparrós

Parejas, Andrea A.

17.mayo.2008

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Al final, (¿por qué será que uno “inicia” una frase con la palabra “final”?- contradicciones de la lengua imagino) podría empezar esto con la frase: “todo tiene que ver con todo”. Y chau. Eso sería suficiente. Pero hoy tengo ganas de no ser tan poco expresiva, y decir un poco más. Resulta que El Interior de Martín Caparrós es para mí, uno de esos libros a los que denomino libro “biombo”, una especie de libro bisagra, que se plantó frente a mí dejando una marca, justamente eso, marcando una diferencia. Un antes y un después, como en todo viaje. Este libro es uno de esos que dejan algo (aunque hoy no pueda especificar qué) y más, me confirmó la existencia de preguntas que nunca voy a poder responder, respondió otras tantas y formuló algunas nuevas que quedarán ahí, en el aire, porque más allá de encontrar o no las respuestas algún día, me interesa, me moviliza, el simple hecho de que esas preguntan existan. Existan en el aire. Esas preguntas que permanecen ahí, volando, me ayudan a cambiar la mirada, mi mirada. Observando así el paso del tiempo, del paisaje, de los días, de los años. Mirando. Existiendo. Pensando. Observando la velocidad con la que la mirada de los otros pasa, simplemente pasa, pueden ver, pero no pueden mirar. O no quieren mirar.

Después de todo, ahora sé que no soy la única que alguna vez se cuestionó acerca del interior. Ese interior real, que ahí está, lleno de caminos, de viajes, de rutas, de miradas, de palabras, personajes, historias, que moviliza al interior-interior. Ese que es de uno, ese que no es material, pero que aunque no se puede ver, se puede mirar, y sobre todo indagar. Cuestionarse las preguntas que todos tenemos por ahí, en el aire, flotando, rebotando.

No sé si elegir releer El Interior en el colectivo de la línea 26, en el trayecto Rosario y Centenera – Retiro haya sido una buena idea. Pero así sucedió. Así volví a leer y sobre todo a mirar Misiones. Fue un viaje raro, un viaje dentro de un viaje dentro de otro viaje, y de otro, y de otro. Cuando pasaba por el Abasto, por la esquina Agüero y Corrientes, me imaginé, aunque en realidad creo que veía a Don Fernando hablándole a Caparrós sobre las maravillas de Andresito. Una mujer me preguntaba si faltaba mucho para la parada de Pueyrredón, creo que tardé en responderle, como si no viajara nunca en el 26. Es que le estaba preguntando a Mi Interior si en estas vacaciones de invierno, cuando acompañe a mi abuelo a Las Cataratas, no podría pedirle que pasemos por Andresito, y así ver si la calle con el nombre de Don Fernando ya existe o no. Y cuando sonó mi celular, y era Evangelina del otro lado, explicándome que ya estaba en Retiro, yo me “colgué” buscando alguna planta sobre la Avenida Corrientes, creo que es mucho si digo que vi tres. Y pensé que si Misiones es dos colores, el rojo y el verde, tierra y yerba. Buenos Aires, pero por sobre todo la Avenida Corrientes, es gris, mucho gris y negro, taxis, subte, teatros, Once y Obelisco. Y me reí. Me reí porque me acordé de algo que una vez le escuché decir a un mexicano: “no resulta fácil resumir en pocas palabras todo lo que tiene Buenos Aires. Pues fíjate que uno se queda corto de adjetivos cuando pretende describir cada pequeño lugar”. Creo que en el fondo me molestaba que “La Reina del Plata” vislumbre tanto a los ojos que vienen a mirar a este país. Me pregunto qué es lo que ven, qué es lo que realmente miran y qué es lo que realmente existe. El libro de Caparrós tranquilamente podría ser una guíaT nacional y ser ofrecido a cada viajante que llega a mirarnos, que viene a la Argentina a conocer el tango y nada más.

Ya en el último trayecto del 26, por Avenida Leandro N. Alem, antes de llegar a Retiro, estuve cuatro o cinco cuadras recordando o tratando de armar una lista, enumerar en mi cabeza todo lo que había significado para mí Misiones en estos veintidós años, cinco meses y un día de vida, y esto fue lo que conseguí:

- Las Cataratas, viajar a mojarte. Y aunque antes no te empapabas, ahora dicen que uno se moja mucho menos.

- La hermosa tierra roja que no encontré en ningún otro lugar.

- El perfume más lindo a tierra mojada.

- El color bordó, fuerte, de esa tierra roja que ahora está húmeda.

- El anteúltimo viaje que mis abuelos hicieron juntos.

- El lugar donde mi abuelo quiere volver porque extraña a mi abuela y dice que ahí la puede extrañar un poco menos.

- Las anécdotas que mi abuelo me contaba cuando yo tenía 10 años sobre monos y sapos gigantes.

- El próximo viaje que voy a hacer con mi abuelo.

- La provincia argentina que por su ubicación geográfica parece más brasuca que sudaca.

- Yerba

- Mate

- Tardes de mates, viajes a Junín y grandes charlas con amigos.

- Caparrós/Erre/Don Fernando/Andresito/Posadas.

- Línea 26.

- Avenida Corrientes.

- Los mates que iba a tomar esa tarde con Evan.

- Las notas de lector que escribo.

- La lapicera que compré para poder escribir por primera vez estas mismas palabras, después está la computadora y todo es más fácil, claro.

Y así fue como el principio se convirtió en final. Finalmente, me doy cuenta que todo tiene que ver con todo. Y recordé esa buena manía que tiene el señor de los bigotes chistosos (Caparrós para los que no lo conocen), de poder hacer de la lectura mi pasatiempo favorito. Había llegado a Retiro casi sin darme cuenta. Esa capacidad de algunos de poder mostrarme con palabras paisajes lejanos, y hasta para algunos, invisible a los ojos. ”Invisible”, hasta que lo leemos y así, podemos imaginarlo. Y comprobar que muchas veces la imagen, puede ser igual, no más, que mil palabras. Porque a veces, cuando uno se encuentra lejos de ciertos lugares (y créanme que lo digo por conocimiento de causa) las palabras también te llevan, te ayudan a estar ahí. A poder mirar.

Cuando me di cuenta, ya estaba en Retiro, y al terminar de hojear Misiones y dar vuelta la página, Caparrós comenzaba a mirar a la provincia de Corrientes. Yo acababa de viajar por Corrientes. Es curioso como me dejé llevar. Cómo me gusta que el interior me lleve constantemente. Después de todo, siempre voy a ser de más allá y no tanto de acá, de ese interior, de una parte de ese interior. Porque Misiones también me pertenece.

Al final, Evangelina vino a visitarme desde La Plata a Capital Federal, fui a buscarla a Retiro y sin salir de la provincia de Buenos Aires, viajé por Corrientes pero anduve por Misiones. El mundo, mi país, es un lindo pañuelo.